Exigencias demasiado altas
¿Qué errores se deben evitar?
Ámbito académico

Introducción
"Estaba sentada en una cafetería y, en la mesa de al lado, dos parejas con sus respectivos hijos de unos 3 y 5 años hablaban y se reían. De repente, el niño más pequeño tiró, sin querer, un vaso lleno de refresco. Toda la mesa se empapó rápidamente y la camisa del señor de la otra pareja se manchó. La súbita reacción del padre del niño fue gritarle: ´¿Pero eres tonto…?´ y propiciarle una sonora bofetada.

Como un cuarto de hora más tarde y una vez restablecida la conversación amena y vicharachera, el padre del niño de tres años, de repente, tiró sin querer otro vaso de refresco. Pero esta vez nadie grito y, por supuesto, nadie le pegó una sonora bofetada a ese padre. Antes bien, los otros adultos se echaron a reír y bromearon sobre lo patoso que había sido."

La escena anterior refleja con claridad que a veces los padres son demasiado exigentes con sus hijos. ¿Acaso los adultos no cometen errores? Pues, ¿por qué privar a los hijos del privilegio de errar?.

Exigencias demasiado altas


Está bien querer que los hijos se superen y se esfuercen. Pero los esfuerzos que se les piden, deben estar al alcance del niño. Y se debe ser consciente de que el punto hasta el que un niño puede llegar, depende de sus habilidades y de sus ganas por alcanzar dicha meta, y no de lo que deseen sus padres.
A todo el mundo le gusta sentirse orgulloso de sus hijos, pero el hecho de que los padres se creen unas expectativas demasiado altas sobre como deben comportarse los niños, sólo les llevará a ver frustrados sus deseos continuamente. Las diferencias entre la idea preprogramada de los padres para sus hijos y lo que luego éstos desean hacer, junto con la conquista de su propia independencia durante la adolescencia, podrá llevar a discusiones, agresiones verbales y puede que hasta a agresiones físicas, entre padres e hijos, creando una brecha en la familia que, por lo general, es insalvable y de por vida.

Pero, ¿qué se puede perder cuando se les presiona demasiado? Este tipo de presión puede generar en el niño sentimientos de que nada de lo que hace llega a ser suficiente para sus padres. Pasará así por diversas fases. La primera consistirá en intentar alcanzar las elevadas metas que se le imponen. La siguiente consistirá en darse cuenta de que por mucho que lo intente, no llegará jamás a conseguirlo. Finalmente elaborará ideas negativas sobre sus propias capacidades del tipo, "soy un inútil, no sirvo para nada, todo me sale mal". Habrá nacido un joven sin iniciativa, apático y desganado.

¿Qué errores se deben evitar?

El punto hasta el que se puede exigir y en el que se debe parar, varía de unas personas a otras y tan perjudicial es pasarse como no llegar.
Los padres autoritarios toman las decisiones sobre la vida de su hijo sin tener en cuenta sus gustos y preferencias, no explican el por qué de las decisiones que toman e imponen su criterio sin tener en cuenta las opiniones de sus hijos. En caso de desobediencia emplean el castigo y se centran en los aspectos negativos del comportamiento de sus hijos, sin tener en cuenta sus aciertos.

Los hijos de este tipo de padres suelen tener poca confianza en sí mismos, por lo que no suelen tener iniciativas. Son personas manejables, con mala opinión de sí mismos y que para intentar liberarse de la presión a la que están sometidos, suelen enfrentarse a sus padres con conductas que a éstos les parecen irracionales (fumar, consumir drogas, hacer pintadas, etc.).

En el otro extremo se encontrarían los padres demasiado permisivos. Este tipo de padres no marcan límites sobre los comportamientos que consideran adecuados y los que no, y se muestran indiferentes ante los problemas de sus hijos.

Los hijos crecen así sin unas pautas que les marquen los comportamientos adecuados a seguir. Se muestran inseguros, tienen problemas a la hora de integrarse en equipos de trabajo pues no están acostumbrados a seguir normas y reglas. Como suelen conseguir todo lo que piden, no saben esperar para obtener lo que desean, por lo que no persisten en sus comportamientos, ni luchan por lo que quieren. Se rinden antes las dificultades y asumen mal el no obtener lo que quieren.

Un tercer tipo de padres inculca unos valores inamovibles a sus hijo/as. Categorizan el mundo en bueno y malo, sin atender a clasificaciones intermedias. No explican a sus hijos el porqué de tales categorías, ni fomentan en ellos que tengan sus propias decisiones o valoraciones de los hechos. No escuchan sus ideas. Les eligen sus actividades, sus amigos y hasta lo que deben pensar, con el fin de protegerles de las malas compañías, en vez de fomentar en ellos la madurez suficiente como para que elijan por sí mismos.

Sus hijos no tendrán una idea propia sobre el mundo que les rodea, por lo que carecerán de un sistema propio de valores que les permita tomar decisiones adecuadas en cada momento. Acostumbrados a que "los mayores" decidan por ellos, dejarán que su pareja o compañeros o amigos tengan la iniciativa de sus vidas. Al querer agradar serán hipócritas o mentirán, lo que les provocará sentimientos de culpabilidad, ansiedad, etc.

Ámbito académico

Vivimos en una sociedad que cada vez nos exige estar más preparados, ser más rápidos, más eficaces y, en definitiva, más competitivos. Es lógico, por lo tanto, que se intente dar a los hijos una formación lo más completa y variada o específica posible, para que el día de mañana puedan valerse por sí mismos. Pero en este complejo entramado de actividades escolares y extraescolares en función de las tendencias de nuestra sociedad, ¿nos hemos parado a conocer qué es lo ellos quieren hacer? ¿Qué es lo que realmente les gusta? ¿Cuáles son sus intereses? ¿No les estaremos transmitiendo a ellos la presión que nosotros sufrimos en nuestro entorno? ¿Cuáles son sus aspiraciones?.
Hay que tener en cuenta la edad del niño a la hora de planificar sus actividades extraescolares. Es recomendable que realicen algún tipo de ejercicio pautado y hay que recordar que también deben descansar y jugar.

No todos los niños sacan unas notas brillantes. Los niños con malos resultados académicos deben ser recompensados por sus esfuerzos, no por sus notas. Así, no debería ser tan extraño que a un niño con varios suspensos se le compre un regalo porque su fluidez a la hora de leer ha mejorado. Sin duda este niño necesita saber que sus padres están orgullosos de él y que es capaz de mejorar. De otra forma, si la gente que le quiere no cree en él, como va a creer él en sí mismo.

En los casos en los que sea posible se ha de intentar buscar la colaboración de los profesores en esta tarea. No resulta fácil, pues los profesores tienden a tildar de problemáticos a los niños y no les dan muchas facilidades para salir de esta etiqueta. Pero..., a veces hay suerte.

Una máxima científica dice que se obtiene mucha más información de una hipótesis falseada que de una confirmada, lo que a efectos de este artículo podría traducirse como que obtenemos mucha más información cuando nos equivocamos, pues aprendemos que es lo que no debemos hacer, que cuando acertamos.